Tres síntomas y lo que suelen esconder
Una persiana que se detiene a media altura casi siempre tiene una lama desplazada o una guía abierta: el paño entra torcido en el carril y se clava. Si además notas que un lado va por delante del otro, la lama suelta está cerca de ese extremo. Conviene dejarla quieta, porque cada intento la encaja un poco más.
La que cae de golpe suele haber perdido la sujeción con el eje o tener la cinta suelta de la polea, y la que chirría o cuesta subir apunta a rodamientos secos, a un eje que ha cedido o a guías llenas de polvo. Distinguir el caso por teléfono nos permite llevar la pieza probable desde la primera visita.
Guías y lamas: donde empieza la mayoría de averías
Las guías son los carriles laterales por los que baja el paño. Un golpe con una maceta, un toldo mal recogido o simplemente tornillos que se aflojan con los años las abren un poco, y eso basta para que una lama se escape. Las enderezamos, las volvemos a fijar y limpiamos por dentro la arena y el polvo que se acumulan en ellas.
En Alicante los días de viento también sacan lamas de su sitio, sobre todo en terrazas y ventanas grandes. Cuando pasa, recolocamos el paño lama a lama, sustituimos las que se han doblado y comprobamos los topes de la lama final, que son los que impiden que la persiana suba más de la cuenta y se meta en el cajón.
Dentro del cajón: eje, rodamientos y enganches
Lo que no se ve está en el cajón. En los pisos con cajón de obra se accede por la tapa de registro interior; en las ventanas más modernas, por el cajón compacto que forma parte de la carpintería. Allí revisamos el eje, que puede haberse combado con el peso, los rodamientos de sus extremos y la polea donde se enrolla la cinta.
También miramos los enganches que unen la primera lama al eje. Si uno se rompe, la persiana baja descompensada; si fallan todos, el paño acaba en el fondo del cajón. Cambiarlos es un trabajo limpio, que se hace desde dentro de casa y sin obra, siempre que la tapa de registro sea accesible.
Sol, salitre y años de uso
El clima de Alicante es amable con las personas y exigente con las persianas. El sol de las fachadas orientadas al sur y al oeste reblandece el PVC en verano y acaba combando las lamas, que después rozan en las guías. Cerca del mar, el salitre ataca los tornillos, los ejes y los rodamientos metálicos, que se oxidan y frenan.
La madera, que aún aparece en pisos antiguos, se hincha con la humedad y se cuartea con el sol si no se cuida. Cada material pide su solución: en PVC solemos cambiar las lamas afectadas, en aluminio revisamos la holgura en las guías y en madera valoramos contigo si merece la pena conservarla.
Preguntas sobre reparación de persianas
¿Tengo que vaciar la habitación para la reparación?
No hace falta. Basta con despejar el espacio delante de la ventana y el acceso a la tapa del cajón. Protegemos el suelo y los muebles cercanos y, si hay que subir a una escalera, la llevamos nosotros.
El viento ha sacado la persiana de la guía, ¿tiene arreglo?
Casi siempre. Hay que devolver las lamas al carril, cambiar las que se hayan doblado y revisar los tornillos de la guía. Hasta entonces no la subas ni la bajes: con el paño fuera de su sitio, cualquier maniobra lo deforma más.
¿Reparáis persianas grandes de terraza?
Sí. Pesan bastante más que las de una ventana y sus averías suelen venir del eje, que se comba, o de los rodamientos. Las revisamos con el material adecuado y, si el peso hace que manejarlas cueste, te contamos qué supondría motorizarlas.
¿Cuándo compensa cambiar la persiana entera?
Solo cuando el paño está muy deteriorado o el cajón no admite la pieza que haría falta. En la mayoría de visitas basta con sustituir lamas sueltas, una guía o un rodamiento. Te lo explicamos con la persiana delante y decides tú.
